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domingo, 24 de enero de 2010

EL SACRIFICIO

En la segunda guerra mundial, los soldados escoceses fueron forzados por sus captores japoneses a trabajar en los rieles del ferrocarril en la selva. Por el mal trato de los japoneses, el comportamiento de los soldados escoceses se había degenerado a un estado bárbaro. Pero una tarde algo pasó. Se había perdido una pala.

El soldado japonés encargado se enfureció y demandó que apareciera la pala o él haría quien sabe qué. Cuando nadie en el escuadrón se movió, el oficial sacó su pistola y amenazó con matar a todos en ese momento. Fue obvio que el oficial estaba hablando en serio.

Fue cuando un hombre tomó un paso hacia el frente. El oficial guardó su pistola, tomó una pala y golpeó al hombre hasta que falleció.

Después, los sobrevivientes escoceses tomaron al hombre muerto para hacer el segundo chequeo de las herramientas. Esta vez encontraron que no se había perdido la pala. La verdad es que alguien no contó bien la primera vez.

El asunto corrió por todo el campamento un hombre inocente estaba de buena voluntad para sacrificar su vida por los demás. Este incidente tuvo un efecto profundo en los escoceses. Los soldados empezaron a tratar a los demás como si fueran hermanos. Cuando los aliados victoriosos entraron, los sobrevivientes, esqueletos humanos, se pusieron en fila al frente de sus captores y, en vez de atacarles, insistieron, "No más odio. No más matanza. Lo que necesitamos ahora es el perdón".

lunes, 18 de enero de 2010

EL HUECO EN EL BUQUE


Un buque chocó contra unas rocas y como consecuencia de la avería el agua comenzó a meterse en el buque, inútilmente trataban de sacar los tripulantes manejando las bombas. La entrada del líquido elemento superaba a sus esfuerzos, viendo lo cual, el capitán mandó formar la tripulación y dijo:

-Es inútil fatigarse más, ya que sólo retardamos nuestra muerte. El remedio consistiría en que alguien expusiera su vida en favor de los demás, tratando de taponar la abertura del agua. La empresa es arriesgadísima, pero es la única esperanza. ¿Quién se decide?

Todos comprendieron la necesidad de tal sacrificio, pero cada uno pensaba: Ojala que algún otro se ofrezca. Los momentos pasaban en silencio, haciéndose la situación cada vez más angustiosa. Una voz rompió el silencio.

-Yo iré, padre mío.

El padre no podía negarse a tal ofrecimiento y con el corazón dolorido dio el último abrazo al hijo, lanzándose éste sin pérdida de tiempo a las aguas, dispuesto a la peligrosa tarea. Pronto se dejó sentir el efecto de esta ayuda externa; las aguas disminuyeron rápidamente, pero el hijo del capitán no reaparecía. Su cuerpo fue hallado entremetido en la abertura.

Todos comprendieron lo ocurrido. El joven no halló más rápida manera de atajar el paso de las aguas, cuyo empuje hacía inútil todo otro intento. Todos lloraron de emoción ante su cadáver, exclamando: "¡Lo hizo por nosotros!"



Reflexion:

Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. (Isaías. 53:4-6)


Se hace necesario que todos ante los momentos difíciles que estamos viviendo entendamos que alguien se sacrificado por nosotros, pero que muchas veces no vemos y no le damos el valor a ese sacrificio, y que ese alguien fue el que puso su vida en el hueco del pecado, de la enfermedad y del dolor, para que nosotros seamos libres de toda maldad, y no solo para que seamos libres sino para que con nuestra libertad hagamos libres a otro y que si llega el momento del sacrificio lo realicemos por los demás, ... de gracia recibisteis, dad de gracia.

miércoles, 13 de enero de 2010

EL BAMBU

Había una vez, un maravilloso jardín, situado en el centro de un campo. El dueño acostumbraba pasear por el al sol de mediodía. Un esbelto bambú era el más bello y estimado de todos los árboles de su jardín. Este bambú crecía y se hacía cada vez más hermoso. El sabía que su Señor lo amaba y que el era su alegría.

Un día, su Dueño, pensativo, se aproximó a su amado bambú y, con sentimiento de profunda veneración el bambú inclinó su imponente cabeza. El Señor le dijo:
-"Querido bambú, Yo necesito de ti”.

El bambú respondió:
-"Señor, estoy dispuesto; haz de mí lo que quieras".

El bambú estaba feliz. Parecía haber llegado la gran hora de su vida: su Dueño necesitaba de el y el iría a servirle. Con su voz grave, el Señor le dijo:
-"Bambú, sólo podré usarte podándote."
-"¿Podar? ¿Podarme a mí, Señor?...! Por favor, no hagas eso! Deja mi bella figura tu ves como todos me admiran."
-"Mi amado bambú," -la voz del Señor se volvió mas grave todavía.- "No importa que te admiren o no te admiren... si yo no te podara, no podría usarte." En el jardín, todo quedó en silencio... el viento contuvo la respiración. Finalmente el bello bambú se inclinó y susurró:
- "Señor, si no me puedes usar sin podar, entonces haz conmigo lo que quieras."
-"Mi querido bambú, también debo cortar tus hojas..." El sol se escondió detrás de las nubes... unas mariposas volaron asustadas...El bambú temblando y a media voz dijo:
-"Señor, córtalas..."
Dijo el Señor nuevamente:
-"Todavía no es suficiente, mi querido bambú, debo además cortarte por el medio y sacarte el corazón. Si no hago esto, no podré usarte."
-"Por favor Señor" -dijo el bambú- "yo no podré vivir mas... ¿Cómo podré vivir sin corazón?"
-"Debo sacarte el corazón, de lo contrario no podré usarte." Hubo un profundo silencio... algunos sollozos y lágrimas cayeron.


Después el bambú se inclinó hasta el suelo y dijo:
-"Señor, poda, corta, parte, divide, saca mi corazón... tómame por entero."

El Señor deshojó, el Señor arrancó, el Señor partió, el Señor sacó el corazón. Después llevó al bambú y lo puso en medio de un árido campo y cerca de una fuente donde brotaba agua fresca. Ahí el Señor acostó cuidadosamente en el suelo a su querido bambú; ató una de las extremidades de su tallo a la fuente y la otra la orientó hacia el campo. La fuente cantó dando la bienvenida al bambú. Las aguas cristalinas se precipitaron alegres a través del cuerpo despedazado del bambú... corrieron sobre los campos resecos que tanto habían suplicado por ellas. Ahí se sembró trigo, maíz, soya y se cultivó una huerta. Los días pasaron y los sembradíos brotaron, crecieron y todo se volvió verde... y vino el tiempo de cosecha. Así, el tan maravilloso bambú de antes, en su despojo, en su aniquilamiento y en su humildad, se transformó en una gran bendición para toda aquella región. Cuando el era grande y bello, crecía solamente para sí y se alegraba con su propia imagen y belleza. En su despojo, en su aniquilamiento, en su entrega, el se volvió un canal del cual el Señor se sirvió para hacer fecundas sus tierras. Y muchos, muchos hombres y mujeres encontraron la vida y vivieron de este tallo de bambú podado, cortado, arrancado y partido. ¿Te animas a ser un bambú?